Reseña-comentario: DONDE LOS ÁRBOLES CANTAN, de Laura Gallego

DONDE LOS ÁRBOLES CANTAN


Ésta es mi nueva adquisición. No se si me arrepiento de comprarlo o no... La portada es muy bonita, eso sí (es de Cris Ortega) y está muy bien maquetado, queda todo muy bonito, pero el libro... el título no se adapta muy bien a la historia que digamos...
No quiero hacer una crítica pero es dificil ¿eh?
La protagonista me cae mal, y más o menos todos los que aparecen en el libro me caen mal. Todo gira en torno a lo mismo, es una historia simple y ya está, sin descripciones ni profundidad, solo cuenta una historia. Mentiría si dijera que solo se narra acción, es casi todo acerca de los pensamientos de la protagonista, Viana. Y es bastante largo también.
Hay una especie de historia de amor con final lacrimógeno, que sí, queda muy bien y muy triste y eso pero no pega mucho con el resto de lo que se narra. Además no está muy trabajado, es solo lacrimógeno porque los personajes no te llegan.
Para entretenerte un par de días está bien, y si te gustan los demás trabajos de Laura Gallego también, pero por lo demás no lo recomiendo demasiado... (y leyendo las críticas por ahí creo que soy la única...)

Rusalky

Dentro de la mitología eslava, una rusalky era un fantasma, ninfa del agua, súcubo o demonio que vivía en un canal. De acuerdo con muchas tradiciones, una rusalky era una sirena que vivía en el fondo de los ríos. A medianoche, acostumbraban salir y bailar en los prados. Si veían a un hombre hermoso, lo hechizaban con canciones y bailes, y entonces lo conducían al fondo del río a vivir con ellas. Poseía la sabiduría universal de todo los conocimientos y de todas las ciencias, era la que otorgaba inteligencia a todo ser.
En algunas ocasiones se dice que la rusalky es un ser muerto, asociado con la "fuerza oscura", como las personas que han muerto violentamente y antes de tiempo, así como aquellas mujeres que se han suicidado porque su novio rompió con ellas, o aquellas que se quedaron embarazadas fuera del matrimonio, deben pasar el tiempo asignado de vida como espíritus en la tierra. Existe otra versión que sostiene que una rusalky es el alma de una mujer joven que ha muerto cerca de un río o un lago, y embruja dicho lugar. No es necesariamente mala, y le será permitido morir en paz si su muerte es vengada. También se dice que son niños que no han sido bautizados, por lo general aquellos que nacieron fuera del matrimonio y que son abandonados por sus madres. Estos seres vagan por el bosque y piden ser bautizados para poder tener paz. No son necesariamente seres inocentes, e incluso podrían atacar a un ser humano.

Todas estas versiones acerca de su origen bien podrían tratarse de explicaciones cristianas sobre dicho ser, ya que siendo de la mitología eslava, automáticamente se convierte en algo demoníaco en el cristianismo (ahí su asociación a los súcubos o a los demonios). Se asemeja a otros seres como Las Lavanderas, que también tienen que pasar cierto tiempo en la tierra al morir antes de tiempo (al dar a luz) y solo pueden descansar cuando se cumple el plazo.
Debido a que el lugar al que pertenece es el río en que murió, la rusalky puede salir de él y trepar a un árbol, donde se sienta y canta, puede ir a un muelle y cepillar su cabello, o unirse a otras y bailar en el campo. En algunas ocasiones se dice que los ojos de una rusalka brillan como fuego verde, en otras se dice que son extremadamente pálidas, sin pupilas visibles. Su cabello es descrito como de color verde, y siempre húmedo. Según algunas leyendas, si se secase su cabello, la rusalky moriría o solo se pondría enferma. Algunas son totalmente verdes y tienen cola de pez.
A las rusalky les gusta seducir a los hombres. Los seducen con su canto y después los ahogan. Los hombres que son seducidos pueden morir en sus brazos, y se dice que oír su risa, también puede provocar su muerte. Son imprudentes por naturaleza y no tienen idea de lo que hacen al hombre.
Gráciles hechiceras de ríos, arroyos y estanques, las rusalky rusas tenían fama de asesinas de hombres, atrayendo a sus víctimas hacia una muerte líquida. No obstante, algunas rusalky amaban a los mortales y una incluso abandonó su lago para casarse con un príncipe. La única condición para la unión era que la rusalky permanecería entre los humanos mientras él le fuera fiel. Ante una infidelidad, la rusalky volvía a su hogar y un simple abrazo significaría la muerte.

El cuervo

El cuervo


Había una vez una reina que tenía una hijita de corta edad, a la que se tenía que llevar aún en brazos. Un día la niña estaba muy impertinente, y su madre no lograba calmarla de ningún modo, hasta que, perdiendo la paciencia, al ver unos cuervos que volaban en torno al palacio, abrió la ventana y dijo:
- ¡Ojalá te volvieses cuervo y echases a volar; por lo menos tendría paz!
Pronunciadas apenas estas palabras, la niña quedó convertida en cuervo y, desprendiéndose del brazo materno, huyó volando por la ventana. Fue a parar a un bosque tenebroso, en el que permaneció mucho tiempo, y sus padres perdieron todo rastro de ella.
Cierto día, un hombre que pasaba por el bosque percibió el graznido de un cuervo; al acercarse al lugar de donde procedía, oyó que decía el ave:
- Soy princesa de nacimiento y quedé encantada; pero tú puedes liberarme.
- ¿Qué debo hacer? - preguntó él.
Y el cuervo respondió:
- Sigue bosque adentro, hasta que encuentres una casa, en la que vive una vieja. Te ofrecerá comida y bebida; pero no aceptes nada, pues por poco que comas o bebas quedarás sumido en un profundo sueño, y ya no te será posible rescatarme. En el jardín de detrás de la casa hay un gran montón de cortezas, aguárdame allí. Durante tres días seguidos vendré a las dos de la tarde, en un coche tirado, la primera vez, por cuatro caballos blancos; por cuatro rojos, la segunda, y por cuatro negros, la tercera; pero si en vez de estar despierto te hallas dormido, no me podrás desencantar.
Prometió el hombre cumplirlo todo al pie de la letra; mas el cuervo suspiró:
- ¡Ay!, bien sé que no me liberarás, porque aceptarás algo de la vieja.
El hombre repitió su promesa de que no tocaría nada de comer ni de beber. Al encontrarse delante de la casa, salió la mujer a recibirlo.
- ¡Pobre, y qué cansado pareces! Entra a reposar, comerás y beberás algo.
- No - contestó el hombre - no quiero tomar nada.
Pero ella insistió vivamente:
- Si no quieres comer, siquiera bebe un trago; una vez no cuenta.
Y el forastero, cediendo a la tentación, bebió un poco. Por la tarde, hacia las dos, salió al jardín y, sentándose en el montón de corteza, se dispuso a esperar la llegada del cuervo. Pero no pudiendo resistir él su cansancio, se echó un rato, con la firme intención de no dormirse. Sin embargo, apenas se hubo tendido se le cerraron los ojos y se quedó tan profundamente dormido que nada en el mundo habría podido despertarlo. A las dos se presentó el cuervo en su carroza, tirada por cuatro caballos blancos; pero el ave venía triste, diciendo:
- Estoy segura de que duerme.
Y, en efecto, cuando llegó al lugar de la cita lo vio tumbado en el suelo, dormido. Se apartó del coche, fue hasta él, y lo sacudió y llamó, pero en vano. Al mediodía siguiente, la vieja fue de nuevo a ofrecerle comida y bebida. El hombre se negó a aceptar; no obstante, ante la insistencia, volvió a beber otro sorbo de la copa. Poco antes de las dos fue de nuevo al jardín, al lugar convenido, a esperar la llegada del cuervo; pero, de repente, le asaltó una fatiga tan intensa que las piernas no lo sostenían; incapaz de dominarse, se tiró en el suelo y volvió a quedarse dormido como un tronco. Al pasar el cuervo en su carroza de cuatro caballos rojos, dijo tristemente:
- ¡Seguro que duerme! - y se acercó a él; pero tampoco hubo modo de despertarle. Al tercer día le preguntó la vieja:
- ¿Qué es eso? No comes ni bebes. ¿Acaso quieres morirte?
Pero él contestó:
- No quiero ni debo comer ni beber nada.
Ella dejó a su lado la fuente con la comida y un vaso de vino, y, cuando el olor le subió a la nariz, no pudo resistir, y bebió un buen trago. A la hora fijada salió al jardín y, subiéndose al montón de corteza, quiso aguardar la venida de la princesa encantada. Pero sintiéndose más cansado aún que el día anterior, se tumbó y quedó dormido profundamente como si fuera de piedra. A las dos se presentó de nuevo el cuervo en su coche, arrastrado ahora por cuatro corceles negros; el carruaje era también negro. El ave, que venía de riguroso luto, dijo:
- ¡Bien sé que duerme y que no puede desencantarme!
Al llegar hasta él, lo encontró profundamente dormido, y, por más que lo sacudió y llamó, no hubo manera de despertarlo. Entonces puso a su lado un pan, un pedazo de carne y una botella de vino, de todas estas comidas podía comer y beber lo que quisiera, sin que jamás se acabaran. También le puso en el dedo un anillo de oro, que se quitó del suyo y que tenía grabado su nombre. Por último, le dejó una carta en la que le comunicaba lo que le había dado, y, además: “Bien veo que aquí no puedes desencantarme; pero si quieres hacerlo, ve a buscarme al palacio de oro de Stromberg; puedes hacerlo, estoy segura de ello”. Y, después de depositar todas las cosas junto a él, subió de nuevo a su carroza y se marchó al palacio de oro de Stromberg.
Cuando el hombre despertó, dándose cuenta de que se había dormido, sintió una gran tristeza en su corazón y dijo:
- No cabe duda de que ha pasado de largo, sin yo liberarla.
Pero fijándose en los objetos depositados junto a él, leyó la carta, y se informó de cómo había ocurrido todo. Se levantó y se puso inmediatamente en busca del castillo de oro de Stromberg; pero no tenía la mínima idea de su paradero. Luego de recorrer buena parte del mundo, llegó a una oscura selva, por la que anduvo durante dos semanas sin encontrar salida. Un anochecer se sintió tan cansado que, se tumbo entre unas matas, y quedó dormido. A la mañana siguiente siguió su camino, y al atardecer, cuando se disponía a acomodarse en unos matorrales para pasar la noche, hirieron sus oídos unas lamentaciones y gemidos que no le dejaron conciliar el sueño; y al llegar la hora en que la gente enciende las luces, vio brillar una en la lejanía y se dirigió hacia ella; llegó ante una casa que le pareció muy pequeña, ya que ante ella se encontraba un enorme gigantazo. Pensó: “Si intento entrar y me ve el gigante, me costará la vida”. Al fin, sobreponiéndose al miedo, se acercó. Cuando el gigante lo vio, le dijo:
- Me agrada que vengas, hace muchas horas que no he comido nada. Vas a servirme de cena.
- No hagas tal cosa - contestó el hombre -; yo no soy fácil de tragar. Pero si lo que quieres es comer, tengo lo bastante para llenarte.
- Siendo así - dijo el gigante - puedes estar tranquilo. Si quería devorarte era a falta de otra cosa.
Los dos se sentaron a la mesa, y el hombre sacó su pan, vino y carne inagotables.
- Esto me gusta - observó el gigante, comiendo a dos carrillos. Cuando terminaron, preguntó el hombre:
- ¿Podrías acaso indicarme dónde se levanta el castillo de oro de Stromberg?
- Consultaré el mapa - dijo el gigante - en él están registrados todas las ciudades, pueblos y casas.
Fue a buscar el mapa, que guardaba en su dormitorio, y se puso a buscar el castillo, pero éste no aparecía por ninguna parte.
- No importa - dijo - arriba, en el armario, tengo otros mapas mayores, lo buscaremos en ellos.
Pero todo fue inútil. El hombre se disponía a marcharse, pero el gigante le rogó que esperase dos o tres días a que regresara su hermano, quien había partido en busca de víveres. Cuando llegó el hermano, le preguntaron por el castillo de oro de Stromberg. Él les respondió:
- Cuando haya comido y esté satisfecho, consultaré el mapa.
Subieron luego a su habitación y se pusieron a buscar y rebuscar en su mapa; pero tampoco encontraron el bendito castillo; el gigante sacó nuevos mapas, y no descansaron hasta que, por fin, dieron con él, quedaba, sin embargo, a muchos millares de millas de allí.
- ¿Cómo podré llegar hasta allí? - preguntó el hombre; y el gigante respondió:
- Dispongo de dos horas. Te llevaré hasta las cercanías, pero luego tendré que volverme a dar de mamar a nuestro hijo.
El gigante lo transportó hasta cerca de un centenar de horas de distancia del castillo, y le dijo:
- El resto del camino puedes hacerlo por tus propios medios - y regresó.
El hombre siguió avanzando día y noche hasta que, al fin, llegó al castillo de oro de Stromberg. Éste estaba construido en la cima de una montaña de cristal; la princesa encantada daba vueltas alrededor del castillo en su coche, hasta que entró en el edificio. El hombre se alegro al verla e intentó trepar hasta la cima; pero cada vez que lo intentaba, como el cristal era resbaladizo, volvía a caer. Viendo que no podría subir jamás, se entristeció y se dijo: “Me quedaré abajo y la esperaré”. Y se construyó una cabaña, en la que vivió un año entero; y todos los días veía pasar a la princesa en su carroza, sin poder nunca llegar hasta ella.
Un día, desde su cabaña, vio a tres bandidos que peleaban y les gritó:
- ¡Dios sea con vosotros!
Ellos interrumpieron la pelea; pero como no vieron a nadie, recomenzaron con mayor coraje que antes; la cosa se puso realmente peligrosa. Volvió él a gritarles:
- ¡Dios sea con vosotros!
Suspendieron ellos de nuevo la batalla; pero como tampoco vieron a nadie, pronto la reanudaron y él les repitió por tercera vez
- ¡Dios sea con vosotros! - y pensó: “He de averiguar lo que les pasa”.
Se dirigió, pues, a los luchadores y les preguntó por qué se peleaban. Respondió uno de ellos que había encontrado un bastón, un golpe del cual bastaba para abrir cualquier puerta; el otro dijo que había encontrado una capa que volvía invisible al que se cubría con ella; en cuanto al tercero, había capturado un caballo capaz de andar por todos los terrenos, e incluso de trepar a la montaña de cristal. El desacuerdo consistía en que no sabían si guardar las tres cosas en comunidad o quedarse con una cada uno. Dijo entonces el hombre:
- Yo les cambiaré las tres cosas. Dinero no tengo, pero sí otros objetos que valen más. Pero antes tengo que probarlas para saber si me dijeron la verdad.
Los otros le dejaron montar el caballo, le colgaron la capa de los hombros y le pusieron en la mano el bastón; y, una vez lo tuvo todo, desapareció de su vista. Empezó entonces a repartir bastonazos, gritando:
- ¡Haraganes, ahí tienen sus merecidos! ¿Están satisfechos?
Subió luego a la cima de la montaña de cristal y, al llegar a la puerta del castillo, la encontró cerrada. Golpeó con el bastón, y la puerta se abrió inmediatamente. Entró y subió las escaleras hasta lo alto; en el salón estaba la princesa, con una copa de oro, llena de vino, ante ella. Pero no podía verlo, pues él llevaba la capa puesta. Al estar delante de la doncella, se quitó el anillo que ella le pusiera en el dedo y la dejó caer en la copa; al chocar con el fondo, produjo un sonido vibrante. Exclamó la princesa entonces:
- Éste es mi anillo; por tanto, el hombre que ha de liberarme debe de estar aquí.
Lo buscaron por todo el castillo, pero no dieron con él. Había vuelto a salir, montado en su caballo, y se había quitado la capa.


FIN

Una entrada de Tsukiko ^^

Que conste que hacía tiempo que no hacía ninguna entrada de ella ¿eh? y eso que es una de mis obsesiones pero bueno... (creo que no quedó bien decirlo...)
Cotilleando en su blog me encontré con una canción nueva que ahora pondré, lo malo es que no sé bajarla ni nada... intentaré averiguarlo. Por cierto, se la ve muy bien en las fotos ^o^


Bueno, aquí desde donde puede escucharse. No sé por qué pero eso que pone de MP3 no me funciona nunca, creo que es para que se te abra en el reproductor de música que tengas...
La canción se llama ふたごのタンバリン  y significa algo así como "dos panderetas" (o eso creo) pero en el traductor de google pone "pandereta de los gemelos" asi que seguro que es algo de panderetas.



Entrada atrasada de San Valentín~



Eurythmics ~ Here comes the rain again

Yousei Teikoku ~ filament

¿Cuánto más perderé para tener el latido de mi corazón de nuevo después de que estoy perdonada?
Cuando te vea otra vez no seré capaz de detener mis lágrimas

La clave para unir todo está en el futuro
aunque mi cuerpo se rompa siento que mis lazos se hacen más fuertes
Ahora voy a protegerte una vez más

Quiero decirte que tú eres el único en el que puedo creer
Eres el único al que amaré hasta el final

Haré cualquier cosa para volver a ti
Puse mi corazón dolorido en llamas
y gritaré a las dulces mentiras apoyadas por un filamento

Si estos sentimientos pueden ser perdonados ...

Quiero construir un santuario para los dos
Quiero sonreír a tu lado, para siempre
Quiero creer que mi vida tiene sentido
pero el futuro que te persiguió ...
llega a ser doloroso de seguir

La clave para unir todo está en el futuro
aunque mi cuerpo se rompa siento que mis lazos se hacen más fuertes
Ahora voy a protegerte una vez más

Comic en inglés que me pasaron (de miedo)
Interesante...

Blancanieve y Rojaflor

Blancanieve y Rojaflor


Una pobre viuda vivía en una pequeña choza solitaria, ante la cual había un jardín con dos rosales: uno, de rosas blancas y el otro de rosas encarnadas. La mujer tenía dos hijitas que se parecían a los dos rosales, y se llamaban Blancanieve y Rojaflor. Eran tan buenas y piadosas, tan hacendosas y diligentes, que no se hallarían otras iguales en todo el mundo; sólo que Blancanieve era más apacible y dulce que su hermana. A Rojaflor le gustaba correr y saltar por campos y prados, buscar flores y cazar pajarillos, mientras que Blancanieve prefería estar en casa, al lado de su madre, ayudándola en sus quehaceres o leyéndose en voz alta cuando no había otra ocupación a que atender. Las dos niñas se querían tanto, que salían cogidas de la mano, y cuando Blancanieve decía:
- Jamás nos separaremos
- No mientras vivamos -contestaba Rojaflor:
Y la madre añadía:
- Lo que es de una, ha de ser de la otra.
Con frecuencia salían las dos al bosque, a recoger fresas u otros frutos silvestres. Nunca les hizo daño ningún animal; antes, al contrario, se les acercaban confiados. La liebre acudía a comer una hoja de col de sus manos; el corzo pacía a su lado, el ciervo saltaba alegremente en torno, y las aves, posadas en las ramas, gorjeaban para ellas.
Jamás les ocurrió el menor percance. Cuando les sorprendía la noche en el bosque, se tumbaban juntas a dormir sobre el musgo hasta la mañana; su madre lo sabía y no se inquietaba por ello. Una vez que habían dormido en el bosque, al despertarlas la aurora vieron a un hermoso niño, con un brillante vestidito blanco, sentado junto a ellas. Levantóse y les dirigió una cariñosa mirada; luego, sin decir palabra, se adentró en el bosque. Miraron las niñas a su alrededor y vieron que habían dormido junto a un precipicio, en el que sin duda se habrían despeñado si, en la oscuridad, hubiesen dado un paso más. Su madre les dijo que seguramente se trataría del ángel que guarda a los niños buenos.
Blancanieve y Rojaflor tenían la choza de su madre tan limpia y aseada, que era una gloria verla. En verano, Rojaflor cuidaba de la casa, y todas las mañanas, antes de que se despertase su madre, le ponía un ramo de flores frente a la cama; y siempre había una rosa de cada rosal. En invierno, Blancanieve encendía el fuego y suspendía el caldero de las llares; y el caldero, que era de latón, relucía como oro puro, de limpio y bruñido que estaba. Al anochecer, cuando nevaba, decía la madre:
- Blancanieve, echa el cerrojo 
Y se sentaban las tres junto al hogar, y la madre se ponía las gafas y leía de un gran libro. Las niñas escuchaban, hilando laboriosamente; a su lado, en el suelo, yacía un corderillo, y detrás, posada en una percha, una palomita blanca dormía con la cabeza bajo el ala.
Durante una velada en que se hallaban las tres así reunidas, llamaron a la puerta.
- Abre, Rojaflor; será algún caminante que busca refugio -dijo la madre. Corrió Rojaflor a descorrer el cerrojo, pensando que sería un pobre; pero era un oso, el cual asomó por la puerta su gorda cabezota negra. La niña dejó escapar un grito y retrocedió de un salto; el corderillo se puso a balar, y la palomita, a batir de alas, mientras Blancanieve se escondía detrás de la cama de su madre.
Pero el oso rompió a hablar:
- No temáis, no os haré ningún daño. Estoy medio helado y sólo deseo calentarme un poquitín.
- ¡Pobre oso! -exclamó la madre-; échate junto al fuego y ten cuidado de no quemarte la piel-. Y luego, elevando la voz: - Blancanieve, Rojaflor, salid, que el oso no os hará ningún mal; lleva buenas intenciones.
Las niñas se acercaron, y luego lo hicieron también, paso a paso, el corderillo y la palomita, pasado ya el susto.
Dijo el oso:
- Niñas, sacudidme la nieve que llevo en la piel - y ellas trajeron la escoba y lo barrieron, dejándolo limpio, mientras él, tendido al lado del fuego, gruñía de satisfacción.
Al poco rato, las niñas se habían familiarizado con el animal y le hacían mil diabluras: tirábanle del pelo, apoyaban los piececitos en su espalda, lo zarandeaban de un lado para otro, le pegaban con una vara de avellano... Y si él gruñía, se echaban a reír. El oso se sometía complaciente a sus juegos, y si alguna vez sus amiguitas pasaban un poco de la medida, exclamaba:
- Dejadme vivir. Rositas; si me martirizáis, es a vuestro novio a quien matáis.
Al ser la hora de acostarse, y cuando todos se fueron a la cama, la madre dijo al oso:
- Puedes quedarte en el hogar, así estarás resguardado del frío y del mal tiempo.
Al asomar el nuevo día, las niñas le abrieron la puerta, y el animal se alejó trotando por la nieve y desapareció en el bosque. A partir de entonces volvió todas las noches a la misma hora; echábase junto al fuego y dejaba a las niñas divertirse con él cuanto querían; y llegaron a acostumbrarse a él de tal manera, que ya no cerraban la puerta hasta que había entrado su negro amigo.
Cuando vino la primavera y todo reverdecía, dijo el oso a Blancanieve:
- Ahora tengo que marcharme, y no volveré en todo el verano.
- ¿Adónde vas, querido oso? -preguntóle Blancanieve.
- Al bosque, a guardar mis tesoros y protegerlos de los malvados enanos. En invierno, cuando la tierra está helada, no pueden salir de sus cuevas ni abrirse camino hasta arriba, pero ahora que el sol ha deshelado el suelo y lo ha calentado, subirán a buscar y a robar. Y lo que una vez cae en sus manos y va a parar a sus madrigueras, no es fácil que vuelva a salir a la luz.
Blancanieve sintió una gran tristeza por la despedida de su amigo. Cuando le abrió la puerta, el oso se enganchó en el pestillo y se desgarró un poco la piel y a Blancanieve le pareció distinguir un brillo de oro, aunque no estaba segura. El oso se alejó rápidamente y desapareció entre los árboles.
Algún tiempo después, la madre envió a las niñas al bosque a buscar leña. Encontraron un gran árbol derribado, y, cerca del tronco, en medio de la hierba, vieron algo que saltaba de un lado a otro, sin que pudiesen distinguir de qué se trataba. Al acercarse descubrieron un enanillo de rostro arrugado y marchito, con una larguísima barba, blanca como la nieve, cuyo extremo se le había cogido en una hendidura del árbol; por esto, el hombrecillo saltaba como un perrito sujeto a una cuerda, sin poder soltarse.
Clavando en las niñas sus ojitos rojos y encendidos, les gritó:
- ¿Qué hacéis ahí paradas? ¿No podéis venir a ayudarme?
- ¿Qué te ha pasado, enanito? -preguntó Rojaflor.
- ¡Tonta curiosa! -replicó el enano-. Quise partir el tronco en leña menuda para mi cocina. Los tizones grandes nos queman la comida, pues nuestros platos son pequeños y comemos mucho menos que vosotros, que sois gente grandota y glotona. Ya tenía la cuña hincada, y todo hubiera ido a las mil maravillas, pero esta maldita madera es demasiado lisa; la cuña saltó cuando menos lo pensaba, y el tronco se cerró, y me quedó la hermosa barba cogida, sin poder sacarla; y ahora estoy aprisionado. ¡Sí, ya podéis reiros, tontas, caras de cera! ¡Uf, y qué feas sois!
Por más que las niñas se esforzaron, no hubo medio de desasir la barba; tan sólidamente cogida estaba.
- Iré a buscar gente -dijo Rojaflor.
- ¡Bobaliconas! -gruñó el enano con voz gangosa-. ¿Para qué queréis más gente? A mí me sobra con vosotras dos. ¿No se os ocurre nada mejor?
- No te impacientes -dijo Blancanieve-, ya encontraré un remedio- y, sacando las tijeritas del bolsillo, cortó el extremo de la barba. Tan pronto como el enano se vio libre, agarró un saco, lleno de oro, que había dejado entre las raíces del árbol y, cargándoselo a la espalda, gruñó:
- ¡Qué gentezuela más torpe! ¡Cortar un trozo de mi hermosa barba! ¡Qué os lo pague el diablo!
Y se alejó, sin volverse a mirar a las niñas.
Poco tiempo después, las dos hermanas quisieron preparar un plato de pescado. Salieron, pues, de pesca y, al llegar cerca del río, vieron un bicho semejante a un saltamontes que avanzaba a saltitos hacia el agua, como queriendo meterse en ella. Al aproximarse, reconocieron al enano de marras.
- ¿Adónde vas? -preguntóle Rojaflor-. Supongo que no querrás echarte al agua, ¿verdad?
- No soy tan imbécil -gritó el enano-. ¿No veis que ese maldito pez me arrastra al río?
Era el caso de que el hombrecillo había estado pescando, pero con tan mala suerte que el viento le había enredado el sedal en la barba, y, al picar un pez gordo, la débil criatura no tuvo fuerzas suficientes para sacarlo, por el contrario, era el pez el que se llevaba al enanillo al agua. El hombrecito se agarraba a las hierbas y juncos, pero sus esfuerzos no servían de gran cosa; tenía que seguir los movimientos del pez, con peligro inminente de verse precipitado en el río. Las muchachas llegaron muy oportunamente; lo sujetaron e intentaron soltarle la barba, pero en vano: barba e hilo estaban sólidamente enredados. No hubo más remedio que acudir nuevamente a las tijeras y cortar otro trocito de barba. Al verlo el enanillo, les gritó:
- ¡Estúpidas! ¿Qué manera es esa de desfigurarle a uno? ¿No bastaba con haberme despuntado la barba, sino que ahora me cortáis otro gran trozo? ¿Cómo me presento a los míos? ¡Ojalá tuvieseis que echar a correr sin suelas en los zapatos!
Y, cogiendo un saco de perlas que yacía entre los juncos, se marchó sin decir más, desapareciendo detrás de una piedra.
Otro día, la madre envió a las dos hermanitas a la ciudad a comprar hilo, agujas, cordones y cintas. El camino cruzaba por un erial, en el que, de trecho en trecho, había grandes rocas dispersas. De pronto vieron una gran ave que describía amplios círculos encima de sus cabezas, descendiendo cada vez más, hasta que se posó en lo alto de una de las peñas, e inmediatamente oyeron un penetrante grito de angustia. Corrieron allí y vieron con espanto que el águila había hecho presa en su viejo conocido, el enano, y se aprestaba a llevárselo. Las compasivas criaturas sujetaron con todas sus fuerzas al hombrecillo y no cejaron hasta que el águila soltó a su víctima. Cuando el enano se hubo repuesto del susto, gritó con su voz gangosa:
- ¿No podíais tratarme con más cuidado? Me habéis desgarrado la chaquetita, y ahora está toda rota y agujereada, ¡torpes más que torpes!
Y cargando con un saquito de piedras preciosas se metió en su cueva, entre las rocas. Las niñas, acostumbradas a su ingratitud, prosiguieron su camino e hicieron sus recados en la ciudad. De regreso, al pasar de nuevo por el erial, sorprendieron al enano, que había esparcido, en un lugar desbrozado, las piedras preciosas de su saco, seguro de que a una hora tan avanzada nadie pasaría por allí. El sol poniente proyectaba sus rayos sobre las brillantes piedras, que refulgían y centelleaban como soles; y sus colores eran tan vivos, que las pequeñas se quedaron boquiabiertas, contemplándolas.
- ¡A qué os paráis, con vuestras caras de babiecas! -gritó el enano; y su rostro ceniciento se volvió rojo de ira. Y ya se disponía a seguir con sus improperios cuando se oyó un fuerte gruñido y apareció un oso negro, que venía del bosque. Aterrorizado, el hombrecillo trató de emprender la fuga; pero el oso lo alcanzó antes de que pudiese meterse en su escondrijo. Entonces se puso a suplicar, angustiado:
- Querido señor oso, perdonadme la vida y os daré todo mi tesoro; fijaos, todas esas piedras preciosas que están en el suelo. No me matéis. ¿De qué os servirá una criatura tan pequeña y flacucha como yo? Ni os lo sentiréis entre los dientes. Mejor es que os comáis a esas dos malditas muchachas; ellas sí serán un buen bocado, gorditas como tiernas codornices. Coméoslas y buen provecho os hagan.
El oso, sin hacer caso de sus palabras, propinó al malvado hombrecillo un zarpazo de su poderosa pata y lo dejó muerto en el acto.
Las muchachas habían echado a correr; pero el oso las llamó:
- ¡Blancanieve, Rojaflor, no temáis; esperadme, que voy con vosotras!
Ellas reconocieron entonces su voz y se detuvieron, y, cuando el oso las hubo alcanzado, de pronto se desprendió su espesa piel y quedó transformado en un hermoso joven, vestido de brocado de oro:
- Soy un príncipe -manifestó-, y ese malvado enano me había encantado, robándome mis tesoros y condenándome a errar por el bosque en figura de oso salvaje, hasta que me redimiera con su muerte. Ahora ha recibido el castigo que merecía.
Blancanieve se casó con él, y Rojaflor, con su hermano, y se repartieron las inmensas riquezas que el enano había acumulado en su cueva. La anciana madre vivió aún muchos años tranquila y feliz, al lado de sus hijas. Llevóse consigo los dos rosales que, plantados delante de su ventana, siguieron dando todos los años sus hermosísimas rosas, blancas y rojas.

FIN

Ali Project ~ Kyomu Densen

La mañana es pálida y el pasado morirá
aun así, abrazarás la soledad.
Abre tus párpados que ocultan la noche.
No temas la sombra de un mal presagio.

Al igual que una muñeca
nacida de un tenebroso féretro,
tu cuerpo está rojo y congelado.
Tu corazón es calmado y criado por la oscuridad.

¿Puedes verme
con nuestras frias manos conectadas?
Estoy clavándote las uñas ensangrentadas.
¡Intenta mirarme!

Destruyámonos
Antes de continuar
con nuestro final lleno de misterios,
en vez de que nuestras alas y piernas sean arrancadas
y de que nos pudramos en el vacio.
Es mi otro "yo"
que ama tanto a alguien que acaba herido...
Dime, ¿cuál de nosotras es una ilusión?

Más horroroso que un chillido
es el murmullo entre la gente.
Solo el poder perverso de las palabras
manipula el corazón y se extiende.

Quiero tocarte
incluso si todo el mundo desaparece.
¿Nos engañaremos unos a otros?
¡No sonrías tan maravillosamente!

Crucemos nuestros caminos
para enamorarnos
y así, algún día, poder descifrar nuestros deseos.
Incluso si estamos manchados de sangre y lágrimas
lo que tenemos no será desesperación.
Es tu otro "tu"
Incluso si hieres tanto a alguien como para matarlo...
Oye, ¿qué diablos es el pecado?

La mañana es pálida y el pasado morirá
aun así conoceré la soledad.
Abre tus párpados que ocultan la noche.
No temas la sombra de un mal presagio.

Destruyámonos
antes de continuar
con nuestro final lleno de misterios.
En vez de que nuestras alas y piernas sean arrancadas
y de que nos pudramos en el vacío.

Ah, estás aquí.
Y deseamos vivir tanto
que nos duele...
Pero desde hace tiempo conoces la respuesta ¿verdad?

Los Amantes Mariposa


Libro de Benjamin Lacombe, que me arrepiento de no haber comprado cuando pude.

La historia que se narra es la siguiente: Una joven, de nombre Zhu Yingtai, se disfraza de hombre, viajando a Hangzhou para estudiar.


Durante su viaje, se encuentra con Liang Shanbo, un compañero de escuela. Estudian juntos por tres años, durante los cuales su relación se estrecha. Cuando se separan, Zhu se ofrece para arreglar que Liang se case con su ficticia hermana de 16 años.


Cuando Liang viaja a casa de Zhu, descubre que en realidad es una mujer. Sin embargo Zhu está comprometida con Ma Wencai, un hombre con quien sus padres han concertado que se case. Deprimido, Liang muere en tareas de magistrado del condado. 


En el día en que Zhu va a casarse con Ma, un remolino de viento impide que el cortejo nupcial escolte a Zhu más allá de la tumba de Liang. Zhu deja la procesión para presentar sus respetos a Liang. La tumba de Liang se abre, y Zhu entra para reunirse con él. Una pareja de mariposas surge de la tumba y se aleja volando.


No recuerdo si en el libro se narraba así la historia, creo que era algo diferente... pero bueno, es que lo hojeé en una tienda hace años, es normal que no me acuerde...

"Yingtai, la hija de la familia Zhu family en Shangyu, vestida como un hombre, estudió con Liang Shanbo de Kuaiji. Zhu Yingtai volvió primero a casa. Dos años después, Liang Shanbo la visitó, para encontrarse con que se trataba de una mujer, sufriendo así un sentimiento de pérdida  preguntó a los padres de Zhu si podía casarse con ella, pero su familia había prometido ya casarla dentro de la familia Ma. Shanbo tomó posesión como magistrado en Yin. Murió más tarde ejerciendo su cargo y se le enterró en algún lugar al Oeste de la ciudad de Mao. Cuando Zhu Yingtai fue acompañada en una barca para dirigirse a la familia Ma, la barca se detuvo junto a una tumba y no pudo moverse más allá por culpa de los vientos y remolinos. Tras conocer que la tumba pertenecía a Liang Shanbo, Zhu Yingtai bajó a tierra y lloró, la tumba se abrió por sí misma: Zhu Yingtai fue enterrada en su interior. Xie An, que entonces era el Canciller de China, declaró el monumento como Tumba de la mujer virtuosa."

Denki Shiki Karen Ongaku Shuudan ~ Endless Corridor


Yousei Teikoku ~ Tsuioku no Hahen

Isthar

Ishtar, señora del firmamento, poderosa diosa del amor y de la guerra. Su primer esposo fue su hermano Tammuz. Al morir Tammuz, Ishtar descendió a los infiernos para arrancarle a su hermana, la terrible Ereshkigal, el poder sobre la vida y la muerte.
Después de darle instrucciones a su sirviente Papsukal, de ir a rescatarla si no regresaba, Ishtar descendió a la tierra de las tinieblas, Irkalla. Comenzó valiente y desafiante, gritando al portero que abriera la puerta antes de que la echase abajo. Pero en cada una de las siete puertas se le iba despojando de una de sus prendas, y con ellas se iba despojando de su poder, hasta que llegó desnuda e indefensa ante Ereshkigal, que la mató y colgó su cuerpo en un clavo.
Con su muerte, todo el mundo comenzó a languidecer. Pero el fiel Papsukal llegó hasta los dioses y les pidió que creasen un ser capaz de entrar en el mundo de los muertos y resucitase a Ishtar con la comida y el agua de la vida. Así es como Ishtar volvió a la vida, pero tenía que pagar el precio: durante seis meses al año, Tammuz debe vivir en el mundo de los muertos. Mientras está allí, Isthar ha de lamentar su pérdida; en primavera, vuelve a salir y todos se llenan de gozo.

Esta leyenda es también otra versión para el origen de la llamada "Danza de los siete velos", la cual cuenta que el amor de Ishtar por Tammuz era tan grande que decidió también ir al reino de Ereshkigal. Con pasión y determinación, cruzó los siete vestíbulos del submundo, y en cada uno de ellos era despojada de una de sus pertenencias: un velo o una joya. En esta historia el velo representa lo oculto, las cosas que nosotros ocultamos de los otros y de nosotros mismos. Al dejar el velo, Isthar revela sus verdades, y entonces consigue reunirse con su amor.

Ereshkigal

Nergal, dios celestial, fue requerido por el inframundo. Allí conoció a Ereshkigal, antaño diosa celestial pero que fue raptada por el dragón Kur y llevada al inframundo, pasando a ser su reina, y se enamoraron. Yacieron juntos durante 6 días, al final de los cuales Nergal se escapó sigilosamente del lecho para volver al cielo. Ereshkigal, desesperada y enfurecida por la pérdida, amenazó a Anu, su padre, con enviar de vuelta a todos los habitantes de su reino hasta que los muertos superaran a los vivos, a menos que Nergal volviera y se convirtiera en su amante para toda la eternidad.
Enfurecido con la amenaza, Nergal bajó de nuevo al inframundo, rompiendo las siete puertas que lo cerraban, y se encaró con Ereshkigal. Según una versión, Nergal la expulsó del trono por los pelos y la trató de decapitar. Antes de eso, sin embargo, Ereshkigal le confesó su amor y le ofreció compartir el reino de los muertos como su consorte. Nergal aceptó, y desde entonces gobernaron juntos el inframundo.


Solo las puse porque me gustaron.
Quiero Forgotten 3 ToT ...

Hécate

Qué raro que no hablara de ella antes...
Información no solo sacada de Wikipedia, lo que es una novedad.

Fue originariamente una diosa de las tierras salvajes y los partos, una diosa madre hasta tiempos históricos. Cultos populares que se celebraban en su honor hicieron que fuese integrada en la mitología griega. Según el poeta Hesíodo, en época preolímpica, la diosa Hécate era poderosa en el cielo, la tierra y el mar, y dispensaba todo tipo de dones. Pero poco a poco fue perdiendo poderes y convirtiéndose en una diosa siniestra, de aspecto fantasmagórico y terrible y acabó ubicándose en el Hades. Finalmente se convirtió en patrona de magos y hechiceros.
A medida que su culto se extendía por Grecia se presentó un problema, pues el papel de Hécate ya estaba cubierto por otras deidades más prominentes del panteón griego, particularmente Artemisa. Emergen entonces dos versiones de Hécate en la mitología griega. La menos conocida es un claro ejemplo de un intento de integrarla sin disminuir a Artemisa. En ella, Hécate es una sacerdotisa mortal que desdeña e insulta a la diosa, lo que la lleva finalmente a suicidarse. Artemisa adorna entonces el cadáver con joyas y susurra para que su espíritu se eleve y se convierta en la diosa Hécate, que actúa como espíritu vengador, pero únicamente para mujeres heridas. A medida que la adoración de Hécate crecía, su figura fue incorporada al mito posterior del nacimiento de Zeus como una de las comadronas que escondieron al niño, mientras Crono consumía la roca falsa que le había dado Gea. La segunda versión explica cómo Hécate se ganó el título de "Reina de los Fantasmas" y su papel como diosa de la hechicería.
De forma parecida a como los tótems de Hermes se ponían en las fronteras como protección frente al peligro, imágenes de Hécate podían jugar también dicho papel protector. Se hizo común poner estatuas de la diosa en las puertas de las casas. Con el tiempo, la asociación con el alejamiento de espíritus malignos llevó a la creencia de que ofender a Hécate también los atraía. Ásí surgieron las invocaciones a Hécate como gobernadora suprema de las fronteras entre el mundo normal y el de los espíritus. Tenía un papel especial en las encrucijadas de tres caminos donde los griegos situaban postes con máscaras de cada una de sus cabezas mirando en diferentes direcciones. La función de Hécate en las encrucijadas proviene de su esfera original como diosa de las tierras salvajes y las zonas inexploradas. Esto llevaba a realizar sacrificios para viajar con seguridad por estos territorios. 
Hécate fue considerada soberana de las almas de los muertos. Se creía que, tanto al unirse el alma con el cuerpo como al separarse, es decir, al nacer y al morir una persona, estaba presente. Hécate residía en las tumbas aunque también tenía su lugar en los hogares, puede que porque éstos fueron en un tiempo la tumba doméstica. Aparecía también en las encrucijadas durante las noches claras con un cortejo de almas y de perros que lanzaban aullidos pavorosos. Existía la creencia de que podía tanto evitar que el mal saliese del mundo de los espíritus como permitir que dicho mal entrase. Hécate, pues, tenía un papel y poder especial en los cementerios. Su asociación con éstos tuvo mucha importancia en la idea de Hécate como diosa lunar. 

"Ven, infernal, terrestre y celestial Bombo, diosa de las encrucijadas, luz guiadora, reina de la noche, enemiga del sol y amiga y compañera de la oscuridad; tú que gozas con los ladridos de los perros y el espectáculo del derramamiento de sangre; tú que vagas entre las tumbas durante las horas de oscuridad, sedienta de sangre y del temor de los hombres mortales; Gongo, Mormo, luna de las mil formas, mira favorablemente mi sacrificio."

La perra es el animal más comúnmente asociado a Hécate, quien a veces es llamada la "perra negra", y alguna vez se sacrificaron perros negros a ella en rituales de purificación.

En el Malleus maleficarum se afirma que Hécate fue adorada por brujas que adoptaron partes de su mito como su diosa de la hechicería. Debido a que Hécate ya había sido muy difamada a finales del periodo romano, a los cristianos de la época les resultó fácil envilecer su imagen. En los papiros mágicos de Egipto grecorromano se conservan varios himnos que identifican a Hécate con Selene y la luna, ensalzándola como diosa suprema, madre de los dioses.